Ayer, antesdeayer, y hoy, vaya días más tormentosos.
Hace mucho tiempo que no sufría esa angustia vital.
¿Pero qué coño me pasa? ¿Qué le pasa a María? ¿Por qué no podemos funcionar y ser felices?
Luego miraba a mi hija Martina, pero como apenas lloro, pues no lo hice. Sabiéndome un muy buen padre.
¿Será ahora uno de los últimos días en compartir cosas contigo, Martina?
Esos pensamientos me hunden aún más.
Venga, a hacer cosas, que siempre me dijo la psicóloga. A entretenerme con alguna serie (Héroes, qué buena serie; luego Cuéntame).
Me acuesto y ni nos besamos.
Ya van dos días así.
Para cojones los míos. Y yo sufro más.
Pero tengo que saber si me quieres, María.
Recuerdo que de pequeño era un niño bastante tímido, siempre al cobijo de mis padres, siempre curioso, preguntándome el porqué de las cosas; en las reuniones familiares y con amigos de mis padres, pasaba la mayor parte del tiempo escuchando a los mayores, en vez de jugar con los niños; o jugaba a las maquinitas.
Supongo que eso me fue labrando más timidez y mas antisocialidad.
Fueron los cimientos de una vida atormentada.
11 feb 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)